Como en esta isla desierta me aburro bastante, se me ha ocurrido un pequeño problema para pasar el tiempo.
En un concurso, el presentador me enseña un millón de puertas cerradas, y me dice, -detrás de todas estas puertas hay una cabra, excepto en una, en la que hay un magnífico yate en el que podras salir de esta isla, ¡elige una¡.Yo, sin pensarlo mucho, digo, -tengo cabra segura, y escojo una puerta; pero el presentador, por arte de magia (efectos especiales), me quita de delante todas las puertas excepto dos, la que yo elegí y otra, y me pregunta,-¿cambias de puerta?..., y estoy en dudas, ¿qué debo de hacer?.
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Un coche y un millón de cabras.
@ 2006-01-09 – 20:38:35
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segundo mensaje
@ 2005-12-22 – 18:24:23
No me ha tocado la lotería, pero estoy contento porque alquien leyó mi primer mensaje. Esto me crea una responsabilidad, la de hacer que los mensajes que mande tengan algún interés y no sean sólo papel mojado. Aunque , cuánta gente dice cosas sin interés y espera no sólo que la escuchen, sino en muchos casos que paguemos por hacerlo, comprando un libro, una enttrada de cine o un disco.
Yo no he escrito ningún libro; si lo hiciera me gustaría dejarlo aquí, para que cualquiera pudiera hojearlo (esta palabra está ligada al papel, ¿cómo se podría decir ,pantallearlo?).
El primer libro que leí, hace cuarenta años, fue Simbad el marino; aún me acuerdo de como empezaba; un pobre hombre, que se ganaba la vida acarreando paquetes enormes por Bagdag, pasa por delante de una casa en la que se oyen risas y los ruidos de platos de un banquete, cuando comienza a lamentarse en voz alta de su suerte, un criado lo hace pasar dentro y Simbad, dueño de la casa, para demosrrarle que antes de las alegrías hubo penas y esfuerzos, empieza a contarle la historia de sus viajes. En varios de ellos naufraga, pero, que yo recuerde, nunca lanza mensajes en botellas; ¿quién sería el primero que tuvo esa idea?. -
Primer mensaje
@ 2005-12-21 – 20:25:46
Primer mensaje que lanzo al mar del ciberespacio, sobre las olas electromagnéticas,como el náufrago que lanza botellas desde su isla desierta. No sé si le llegará a alguien, que lo lea, como la botella que arrojó el capitan Grant desde una isla del Pacífico, le llegó a sus hijos por medio de un tiburón que sirvió de cartero involuntario.